
Mucha gente contestaría a esa pregunta afirmando, que desde luego que sí; y efectivamente si no hay nubes, es fácil ver el Sol. Sin embargo, no me refiero a nuestra estrella, que por supuesto, la vemos muy fácilmente, sino a esa inmensidad de estrellas que vemos en las noches despejadas

Pues sí, efectivamente se ven. Se pueden ver y estas palabras mías van dedicadas a quienes tengan interés en lograrlo. Naturalmente, quien quiera seguir adelante en esta lectura, debe ir preparado para estudiar algunos conceptos de Astronomía. En principio, quien quiera ver estrellas de día, tiene que hacerse con un telescopio. Con muy poquitos aumentos bastarán; acaso 20 ó 30 serán suficientes
Algo parecido a ver estrellas de día, es ver algún planeta a pleno Sol, cosa que es mucho más fácil de lograr, sobre todo pensando en Venus. Ese planeta, una vez que nos indiquen en donde se encuentra, con el Sol sobre el horizonte, podremos verlo y además disfrutaremos haciéndolo. Otra cosa es que además lo intentemos con telescopio, pues con él, nos llevaremos una gran sorpresa ya que nos parecerá estar viendo a la Luna, ya que los planetas interiores, se ven siempre en fase, es decir se ve sólo la mitad o menos de la mitad de su superficie, que es la que podemos ver de toda la que está iluminada por el Sol, o sea veremos un "Venus menguante" o un "Venus creciente".
Así pues, volvemos a insistir: las estrellas se ven de día. Debemos comenzar esta experiencia, por elegir las estrellas más brillantes del cielo. Yo aconsejaría, de ser posible y según la época del año en que hagamos la experiencia, empezar por Sirio. Sabemos que es la estrella más brillante del cielo.
La búsqueda de estrellas de día, es un problema que, sin duda, ha de dar satisfacciones al que lo logre, ya que no son muchos los mortales que lo han conseguido. De todos modos, ya empiezo por decir que el problema no es fácil de conseguir. Muchas veces lo he propuesto y lo he dejado como reto al aficionado, o a algún antiguo alumno que pasó por mis clases acaso hace ya bastantes años. En todos los casos, quien quiera hacerlo, tendrá que desempolvar muchos recuerdos, o buscar libros para volver a estudiar aquellos sistemas de coordenadas, de los que hemos hablado en otras ocasiones y por supuesto, recordar todos los problemas de cambios de horas.
Sabemos, que a cada estrella o punto del cielo, le corresponden biunívocamente dos números α y δ, que son sus coordenadas ecuatoriales absolutas y a cada pareja de números ordenados α y δ, le corresponderá un punto del cielo. Por tanto, lo primero que tendremos que hacer, es buscar las coordenadas ascensión recta y declinación, de la estrella que queramos observar, proporcionados por cualquier catálogo.
Supongo que el lector conoce algo de los sistemas de coordenadas que manejamos en Astronomía. En particular el de estas coordenadas, que se denominan ecuatoriales absolutas. Para definirlas, nos ayudamos del plano del Ecuador y de la Eclíptica. Sabemos que los planos que pasan por el eje del mundo PP' se denominan meridianos y sobre ellos se mide a partir del plano del Ecuador la coordenada declinación. Así pues esta coordenada declinación en el cielo (δ), es equivalente a la latitud (φ) en la Tierra.
También sabemos que se elige como origen para la medida de la coordenada ascensión recta (α), el Punto Aries, que es uno de los puntos de intersección del plano del Ecuador y de la Eclíptica. Con este mismo origen (Punto Aries), pero moviéndonos sobre el plano de la Eclíptica, definimos el ultimo de los cuatro sistemas que se manejan en Astronomía, que es el de las coordenadas eclípticas del que no vamos a hablar.

Un parámetro que tenemos que introducir en el problema, es la hora en que queramos observar a la estrella. El cielo sabemos que esta girando constantemente, en ese movimiento aparente en sentido retrógrado, debido a la rotación de la Tierra alrededor de su eje, que realiza en sentido contrario.
Cabe que el lector disponga de un telescopio de montura horizontal, es decir un alta-acimutal. Para este tipo de telescopio la cosa se nos complica. Porque en efecto, tendremos que transformar las coordenadas ecuatoriales absolutas en horizontales. No quiero detenerme en este problema, ya que nos llevaría bastante tiempo, el explicar las transformaciones que hemos de hacer. Para estos cálculos se precisa la hora de la observación. Este dato nos permite calcular a través de la hora sidérea, una nueva coordenada particular del lugar de observación que es el ángulo horario.
Digamos que cuando concertamos una cita con un amigo, damos cuatro parámetros: las tres coordenadas (x, y, z) que nos sitúan el lugar de la cita (calle tal, número tal, piso tal) y además, la hora del encuentro. En Astronomía, los tres primeros números se van a reducir a dos, que van a ser esas coordenadas α y δ de la estrella, pero también necesitamos ese último dato que es la hora de la observación, porque los astros van variando su posición constantemente en el cielo.
Todas las transformaciones que hemos de hacer, para pasar a coordenadas horizontales, no las detallaré, pues son cálculos algo complicados y estoy seguro de que para algún lector sería difícil seguirme. Naturalmente, si calculamos estas coordenadas horizontales para un alta-acimutal y la distancia cenital que se obtiene en el cálculo, es mayor de 90o ó 100g (según la graduación del telescopio), la estrella no se ve. Está en ese momento por debajo del plano del horizonte.
Si el aparato que vamos a utilizar es un telescopio ecuatorial y además con motor síncrono que compense la rotación de la Tierra, podríamos tratar de dejarlo funcionando desde la noche anterior, y si estaba bien colocado el telescopio, la misma estrella que dejamos viendo la noche anterior, se mantendrá dentro del campo del anteojo. Si el telescopio no tenía una posición muy precisa, es posible que ya no veamos la estrella que veíamos la noche anterior porque se haya salido del campo del anteojo.
Por supuesto podríamos (si no dispone el telescopio de motor) ayudarnos con el Sol, conociendo sus coordenadas y por supuesto disponiendo de un filtro adecuado para observarlo. Con las coordenadas del Sol colocadas en el telescopio cuando lo estamos observando y posteriormente colocando las coordenadas de la estrella que queramos observar posiblemente la veamos. Naturalmente, si queremos ver un planeta y en particular a Venus, llegaremos a él sin problema.

El problema de observar estrellas de día, es similar al de la identificación de algunos planetas en el cielo de la noche. Por ejemplo, si queremos observar a Urano, no es en general sencillo. Dada la lejanía y pequeñez de este planeta, a simple vista sabemos que no se ve y tendremos que acudir a algún catálogo para conocer cuales son sus coordenadas α y δ en la época de la observación. El problema no existe si es de noche y el planeta que queremos observar es Venus, o Júpiter, o Saturno, o Marte, dada la luminosidad que dichos planetas tienen.
Un tema que he ido dejando para el final, es el referente al enfoque del anteojo, o sea el tenerlo enfocado a infinito, (que es lo que se denomina su posición telescópica). Esta operación muy simple, podría realizarse estacionando cualquier noche, el aparato que vayamos a utilizar y buscar una estrella, o simplemente la Luna (si se ve), enfocándola con la máxima nitidez.
Conseguido este, haremos una marca con un rotulador, por ejemplo en el tornillo del enfoque, que corresponda a esta posición, observando que en general, no se corresponde al tope del recorrido de dicho tornillo. Este enfoque es fundamental si queremos observar estrellas de día. Lo que de noche es sencillo, de día, a no ser que tengamos el enfoque en su punto crítico, no podremos ver ninguna estrella y sería una lástima que después de haber preparado toda la observación o sea calculado "el puntero", por un detalle de tan poca importancia, no llevemos a feliz término nuestra empresa.
Las estrellas más brillantes del cielo, que son por las que debemos empezar, ordenadas por sus ascensiones rectas, son las siguientes (incluimos las magnitudes respectivas, que nos dan el brillo que cada una tiene):
- Aldebarán (Tauro), mg. 1,06
- Rigel (Orión), mg. 0,34
- Capella (Auriga), mg. 0.21
- Betelgeuse (Orion), mg. 0,1
- Sirio (Can Mayor), mg. -1,58
- Procion (Can Menor), mg. 0,48
- Pollux (Gemini), 1,21
- Regulus (Leo), mg. 1,34
- Arturo (Bootes), mg. 0,24
- Vega (Lyra), mg. 0,14
- Altair (Aguila), mg. 0,89
- Deneb (Cisne), mg. 1,33
Para terminar de hablar de este problema, y si queremos estudiarlo más a fondo, yo recomendaría buscar algún libro de mas nivel y en particular aconsejaría mi libro "ASTRONOMíA", en el que estudio (aunque brevemente) este mismo problema de la observación de estrellas de día, pero aplicado al mundo de la Topografía, en el que se analizan los cálculos precisos para observar con un teodolito o taquímetro, que son los aparatos que se utilizan en esa rama de la ciencia.
Volviendo al telescopio, una vez que lo tengamos montado y preparado y unos minutos antes de la hora prevista, ponemos las lecturas que tiene la estrella en los dos limbos del aparato, ascensión recta (α) y declinación (δ), o acimut (A) y altura (h), según el tipo de montura que tenga y si todo ha ido bien, allí estará la estrella esperándonos, puntual a la cita. Sobre el cielo azul, veremos un punto de luz que nos parecerá grandioso. Si no la vemos, debemos empezar a repasar los cálculos y repetir la observación otro día. En cualquier caso, si es una estrella, la veremos como un pequeño puntito sobre el azul del cielo.
Creemos que no es excesivamente complicado el problema, y confiemos en que el lector interesado en estos temas, llegue con éxito al final y si ve coronada con éxito la operación de ver la estrella a pleno Sol, estamos seguros de que quien lo haya logrado, quedará compensado con creces por los minutos dedicados a la preparación de la misma.