Hija de Cassiopea


Durante el otoño y el invierno, podemos elevar nuestra mirada al cielo, y encontraremos a Andrómeda. La veremos además casi pasando por el cenit.

Toda la zona de Andrómeda es muy bella para la observación telescópica. En ella está la famosa M 31 o "Gran Nebulosa de Andrómeda", visible a simple vista. Con unos prismáticos se puede ver su forma de óvalo alargado. Está de nosotros a 1,5 millones de años-luz y ya era conocida por los astrónomos de la antigüedad. En el año 1924, Hubble, comunicó a la Unión Astronómica Internacional, que se trataba de una galaxia espiral de dimensiones 180.000 años-luz.

La magnitud de la nebulosa es de 3,4, por lo que podemos verla a ojo desnudo, dado que sabemos que un ojo con agudeza visual normal llega a ver estrellas hasta la sexta magnitud.

La estrella más brillante de la constelación o sea la alfa, es una de las cuatro estrellas del llamado cuadrilátero de Pegaso. Su nombre es Sirah y tiene una magnitud de 2,1 estando situada a una distancia de 120 años-luz.

Observada con telescopio se desdobla en dos y es una de las dobles más hermosas del cielo con una compañera de color azulado de magnitud 5,1 situada a una distancia de 10" de la primera.

Podemos decir que hay casi libros enteros dedicados a hablar de la M 31. Suele ser motivo de decoración para muchos carteles y libros y en particular yo mismo la utilicé para decorar uno de los míos. Se comenta que allí donde apenas se ve una pequeña y débil mancha de luz en el cielo, hay nada más y nada menos que 200.000 millones de estrellas.

La mitología le dedica su atención. Andrómeda era hija del rey Cefeo y de Casiopea, constelaciones situadas en el cielo no muy lejos. Casiopea ofendió al rey Neptuno afirmando que su hija Andrómeda era más bella que cualquiera de sus ninfas marinas. Para vengar el insulto, fue enviado por Neptuno un monstruo o gran ballena, Cetus, cuyas estrellas están debajo de Piscis.

La leyenda añade que nada pasaría, si se ofrecía a Andrómeda como ofrenda al monstruo marino. Andrómeda fue encadenada a una roca esperando su triste destino. De repente el sonido de un gran viento llegó a los oídos de Andrómeda, pensando que era el monstruo Cetus. Sin embargo lo que oía eran las alas de un gran caballo volador Pegaso, el cual llevaba en su espalda a Perseo que la salvó de la muerte.