El Aguila
Con las líneas que perfilan en el cielo, las estrellas que forman la constelación de El Aguila, podemos identificar sin ninguna duda, la figura de ese bello animal que vuela bajo el Cisne y los dos sobre El Escorpión.
Sobre una de las alas de El Aguila atraviesa la Vía Láctea, proporcionándonos si la observamos en una noche sin luna, bellísimos puntos de observación con telescopio. También podríamos comprobar que el plano del Ecuador, pasa prácticamente por el centro de ella.
Altair, que es la estrella más brillante de la constelación, o estrella alfa, significa en su traducción del árabe el águila voladora. En orden de brillo entre todas las estrellas del cielo, ocupa el duodécimo lugar. Tiene una magnitud de 0,77 y está situada a 16 años-luz de nosotros.
Precisamente esta estrella junto con Vega en Lyra y Deneb en el Cisne, configuran en el cielo, lo que se conoce como "el Triángulo del Verano". Basta elevar nuestros ojos al cielo, no sólo en esa estación del verano, sino también en el otoño y el comienzo del invierno, para que encontremos esas tres estrellas tan brillantes que, además siempre hemos dicho, nos ayudarán a encontrar la estrella Albireo, de la que tanto hemos hablado en la constelación de El Cisne. En efecto en el centro de gravedad del Triángulo del Verano está Albireo.
Altair es doble. Tiene una compañera que se mueve a 165" de la principal y es de magnitud 10.
Digamos con la mitología, que encima del arquero (Sagitario), vuela El Aguila. Claramente está marcada por una corta línea, con tres brillantes estrellas, donde la mayor llamada Altair está en el centro.
Una de las más deliciosas historia de la mitología es una historia de amor. Se trataba de dos enamorados: él "el Boyero" y ella "la Hilandera". El padre de la novia, los dejó en el cielo y les permitió encontrarse solo una vez al año, siempre que pudieran cruzar el gran río, es decir, el camino de Santiago o la Vía Láctea.
Cada año, en la séptima noche de la séptima luna, podían hacer esto gracias a sus amigas las urracas, que formaban un puente de plumas, para que ellos pudieran pasar sobre él. Luego al día siguiente, las urracas volvían a tierra y se rompía el hechizo.